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24 de septiembre de 2015

REFLEXIONES DE DOMINGO POR ADRIANA OCHOA.



Me estreno en este blog gracias a la insistencia y la paciencia de Carlos Marañón "el perolas". Hoy un domingo cualquiera, tranquila y con tiempo para reflexionar quiero hacer una de mis reivindicaciones.

Como habréis podido observar por lo menos por el apellido, Ochoa, soy la enóloga de bodegas Ochoa.

Oigo por ahí que somos una bodega clásica, otras veces oigo que somos innovadores. Hoy es el día que me tiro por mi vertiente más clásica y quiero partir una lanza a favor de estos vinos. ¿Qué pasa con los reservas?.

Los vinos de reserva no están de moda, parece que nos gusta más las explosiones de fruta. Y puede que sea cierto, pero por qué nos tenemos que olvidar de los grandes clásicos. A mí me enseñaron en mis estudios en Francia que el mejor de los vinos era el que se podía guardar y, el que si tenías la paciencia suficiente podrías disfrutar plenamente al cabo de unos años.


En España tenemos una legislación que regula esto y que a mi parecer es muy acertada (aunque creo que todas las legislaciones de las denominaciones de origen de bien deben ser similares).

Creo que se han hecho las cosas muy mal, cuando se consideraba que un vino de reserva era un vino viejo. Ese nunca ha sido el objetivo de un reserva...ahora que todos esos malos reservas han desaparecido del mercado quedan los buenos. Tengo la esperanza de que algún día, y espero que sea en breve, los críticos aprecien estos vinos para que el gran público vuelva a tener interés por ellos.


Yo mientras tanto los seguiré elaborando los con el mayor de los cariños para ese público que quiera beber un gran vino de reserva. ¡Salud!







Escrito por ADRIANA OCHOA
Junto con mi hermana Beatriz responsables de un legado familiar de siglos que debemos mantenerlo y, si se puede, mejorarlo. Es una gran responsabilidad. Claro que… cuando algo nos apasiona… la energía se vuelve espiral y aquí estamos, innovando y respetando el buenhacer de mi padre y todas las generaciones anteriores pero llenos de pasión y de ganas por seguir haciendo de Bodegas Ochoa un referente.


30 de marzo de 2014

COBRAR O NO COBRAR POR RESERVA ¿ES LA CUESTIÓN?

Una entrada en el  blog del cocinero Quique Dacosta ha sido el detonante para escribir este pequeño artículo. Recuerdo escuchar a Carlos Herrera diciendo que en España no caben más tontos porque se caerían al mar; mi abuela, desde su sabiduría adquirida con la edad, sentenciaba con un “menos mal que no vuelan, viviríamos siempre de noche”.

Esta semana que entra, voy a poder ejercer de jurado finalista en un evento gastronómico con especial deleite y, casi nadie, excluyendo amigos o familiares, ha tenido cierta empatía para expresarse con un “qué alegría, con lo que a ti te gusta eso de los cocineros”. Lo que sí he podido contar es legiones de “conocidos” que han resaltado que me voy a poner hasta arriba gratis, ofreciéndose como compañía previa autoinvitación.

Y si trasladamos esta percepción a otros campos, estamos ante situaciones análogas. En el mundo empresarial todos los jefes son malvados y perversos, pero ¿quién pone encima de la mesa el riesgo, las ideas y las energías para poner en marcha una empresa?, en el educacional, los profesores tienen muchas vacaciones y no saben motivar a mi hijo, al que llamarle trabajador es un insulto, ¿y el respeto a la sabiduría transmitida de forma gratuita?, en el de los proveedores acudiendo al mejor postor, al más barato ¿y la fidelidad al de toda la vida que ha solucionado multitud de problemas hasta ahora?. De la política, mejor no hablar.

En todos los estratos y profesiones, hay gente que no es honesta, pensar lo contrario es una ingenuidad. Pero quiero creer que son muchos los que están regidos por un código profesional íntegro, código que tiene que imponerse de nuevo.

La lista podía ser interminable, “ojos que no ven, gabardina que desaparece” como máxima en la sociedad que vivimos no nos va a llevar a salir del agujero. Vendrá la activación económica, vendrán los puestos de trabajo, pero seguiremos con los mismos problemas de fondo y los valores sociales no tienen pinta de cambio en breve.

Quique Dacosta se quejaba amargamente en su blog del alto porcentaje de anulaciones en su restaurante  de Denia, entrada secundada en twitter por una ristra de respuestas con casos iguales. Estaréis de acuerdo conmigo en que un 3% de anulaciones de media en un mes es un valor asumible y propio en un negocio de hostelería, siempre alguien se despista. Lo que es absolutamente inaceptable es que un 50% del restaurante anule el servicio de comida al mediodía o que ni tan siquiera se digne en aparecer. Demencial.

Y cuando las situaciones son límites, se imponen soluciones injustas y que provocan desagrado. Será cuestión de tiempo que pase al recuerdo que, una reserva en un restaurante se pueda hacer con una llamada de teléfono tras, dejar un nombre, número de comensales, día y hora. En nada, un número de tarjeta con unas condiciones racionales de anulación que provoquen recuperar la señal será imprescindible para formalizar una reserva.

Pero, si se implanta este sistema, también aparecerán hosteleros que lo aprovecharán para no devolver la señal ante la anulación de la mesa, sea cual sea el momento o la manera en que se produzca. Y los hosteleros que implantaron la medida con el propósito de garantía en la asistencia de sus clientes serán los culpables, no quien abuse de esta forma ya establecida en hoteles hace décadas. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato? Pregunta de sobra si estuviésemos en una sociedad con otra escala de valores.

Poner un sistema de reservas previo, no es de recibo. Una carnicería ante una reserva de una pieza de solomillo no lo hace, un profesional que queda colgado en la puerta de su despacho esperando a quien no acude menos y, también pasa pero, no se escucha. Poner un sistema de reserva previo pago, socava un valor fundamental en la relación empresa-cliente, la confianza. El problema es otro, de base. Ser educado no está de moda, no luce, no sirve. En el caso de implantarse, perpetuamos la pedagogía del palo que por desgracia es la que funciona. Sería una verdadera pena, pero quizás en algunos casos sea solución.